©Antonio Leyva

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Llenando la forma

Después de haber aprendido una forma, llega el momento de profundizar en ella a través de la aplicación de los principios del Tai Chi Chuan a cada uno de los movimientos.

Uno de los dilemas que se plantean al instructor de Tai Chi Chuan cuando sus alumnos han aprendido aceptablemente una forma es qué hacer a continuación. En muchos casos la respuesta es «pues ahora la forma superior, y luego la espada, y luego....» Lo que aquí se va a proponer es un camino diferente.

Imaginemos el conjunto global del Tai Chi Chuan, con sus formas, técnicas y principios. Si lo comparásemos con un huevo, la forma sería el cascarón. Lo primero que uno necesita para poder trabajar es una estructura en la que apoyar las teorías y principios de nuestro arte y una forma, a ser posible sencilla de aprender, es un excelente principio.

Lamentablemente, para la mayoría aprender la forma es la meta, con lo que se consigue en el mejor de los casos un perfecto cascarón, pero vacío. La misión del profesor, una vez obtenido ese «cascarón» es aportar el «relleno», que en nuestro caso es la suma de los principios reflejados en los clásicos, las aplicaciones, la energía... En definitiva, lo que realmente importa.

Por ejemplo, un método muy fácil de seguir es analizar los diez puntos importantes para la práctica del Tai Chi Chuan dictados por Yang Cheng Fu. El primero de ellos dice que «la energía de la coronilla debe ser ligera y sensible». Según explica Yang Cheng Fu, esto equivale a mantener una postura en la que la sensación se asemeja a estar colgado del pelo, justo por la coronilla. El efecto de aplicar este punto es sorprendente. Al alinear todo el cuerpo, algo que sucedería de forma natural al permanecer colgados, el eje del cuerpo pasa por nuestro centro de gravedad, eliminándose incómodos momentos de fuerza que dificultan los giros. Además, proporciona una sensación de ligereza y equilibrio notables que, a la hora de practicar con compañeros, nos revela de modo instantáneo cualquier deficiencia en nuestra técnica, pues dicha agradable sensación desaparece repentinamente en cuanto se abandona la técnica correcta. Por el contrario, si conseguimos mantener esta sensación, nuestro trabajo se verá recompensado con el éxito.

Personalmente, inicio el estudio de este punto con la práctica de Zhan Zhuang, pero muy suave, con posturas altas y poco abiertas. Muestro cómo aparece una determinada sensación al colocar la cabeza bien asentada sobre los hombros y centrada, retrayendo la barbilla, alineando los hombros con las caderas, retrayendo la pelvis, hundiendo cadera y pecho, elevando la espalda y flexionando las rodillas en dirección a la punta de los pies.

Luego pido al alumno que rompa la estructura correcta y que lo haga de un modo patente. Le pido que se centre en la diferencia de sensaciones entre la postura correcta y la incorrecta. Luego le animo a que continúe con las pruebas, pero reduciendo cada vez más la intensidad de sus errores.


Con este método se consigue que el alumno llegue a ser consciente de la diferencia entre una posición correcta, con la correspondiente sensación, y una que parece serlo pero no lo es debido a defectos de muy difícil observación visual que sólo pueden apreciarse a través de las sensaciones que producen.

El siguiente punto es analizar el cambio de peso de las dos piernas a una sola. Este punto es vital, por ejemplo, para dar un paso. Una vez más se incide en conseguir que la postura siga siendo correcta, y de nuevo se invita al alumno a cometer errores. De la experimentación de diferentes sensaciones por parte del alumno nace la herramienta para corregir errores.

Después se llevan de manera paralela estas sensaciones a la práctica de la forma y del tuishou. En la forma uno se hace consciente con rapidez de lo fácil que es perder la sensación, de la importancia de mantener la atención plenamente centrada en lo que se hace y se siente, y de cómo se pueden y deben ir introduciendo elementos dentro de algo conocido, es decir, el «cascarón», que sin ser visibles constituyen el «relleno» que los hace útiles.

En el tuishou el alumno descubre la importancia de la relajación y de invertir en pérdidas como método de aprendizaje. Ineludiblemente, al permanecer atento a la «energía ligera y sensible en la coronilla» cae víctima de su adversario, pero al mismo tiempo descubre que mientras la sensación se mantenía no había problemas, y que es precisamente al perderla cuando llega la derrota. El descubrimiento por parte del alumno de cómo mantener esa sensación hace que su progreso marcial sea evidente, a pesar de que el método utilizado es todo menos marcial... a primera vista.

Otro aspecto que merece la pena tener en cuenta y sobre el que conviene llamar la atención al alumno es la dificultad de poner en práctica por primera vez todos estos principios ante un adversario. Por eso durante el trabajo de formas adquirimos nuevas habilidades que periódicamente han de ser puestas a prueba en el tuishou, de modo que podamos observar tanto nuestro progreso como los posibles errores conceptuales que sólo la aplicación real podría poner en evidencia. Con este método forma y tuishou se alimentan el uno al otro hasta llegar a ser un todo unificado.

Aunque sólo se ha mencionado un punto técnico en particular, hay muchos y se pueden explicar a distintos niveles de profundidad según el grado de pericia del alumno. Otros elementos que se pueden utilizar para «rellenar» la forma son, por ejemplo, proteger las rodillas, hundir hombros y codos, enraizarse, principios sobre desplazamientos, estirar tendones, fluidez y movimiento continuo (Chanse Jing), etc. Por supuesto, no debemos dejar de lado todos los instrumentos que el sistema pone a nuestra disposición y dado que somos occidentales, todo lo que la física, la medicina y, en definitiva, nuestra cultura nos puedan aportar para entender esta materia tan compleja que es el TCC.

Como profesores, tenemos la obligación de lograr que los alumnos descubran en su propio cuerpo, y no sólo de un modo teórico, lo que trasmitimos. Es tarea de cada uno buscar los métodos de enseñanza y las explicaciones adecuadas para que el alumno lo consiga.

Este artículo fue publicado en el primer número de la revista

"Tai Chi Chuan", y no puede ser reproducido sin permiso del autor, debiendo citar en todos los casos la fuente original.

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