©Antonio Leyva

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Formas (Lu)


Prefacio

La práctica de las formas se puede abordar desde distintos puntos de vista, que en general no se oponen sino que se complementan.
En primer lugar, las formas constituyen una recopilación de técnicas, estrategias y principios de combate. De hecho es en las formas y no en el tuishou donde uno encuentra los entrenamientos con un carácter mas claramente marcial.
En segundo lugar, recoge los principios generales de QiGong, aplicados al arte marcial, pero con sus evidentes efectos beneficiosos sobre la salud.
Finalmente, en conjunción con el resto de los factores comentados, entrena la calma, relajación y concentración; eso si, sin olvidar por ello la “vitalidad”, “alerta” y aplicación.

Desde el punto de vista marcial, las formas nos muestran el arsenal técnico, que de no estar recopilado en una serie codificada, serían difícilmente recordables. Nos muestran series que ejemplifican las principales estrategias usadas por los fundadores/creadores de las mismas.
Son un método estupendo de experimentación, pues uno puede aplicar tantas veces como quiera una técnica sobre un adversario imaginario, con toda la dureza que se quiera, sin tener que preocuparse de causar lesiones, al fin y al cabo, nuestro “adversario imaginario”, no precisa de ningún cuidado y siempre esta dispuesto a entrenar.
Hay que señalar que por si mismas y sin otro entrenamiento complementario con compañeros reales, las formas no nos darán demasiada pericia en un principio.


Descripción

Las formas, por lo general, son series de movimientos (técnicas), realizadas de forma fluida y lenta (aunque existen movimientos “fuerte y rápidos”, (Fa jing) en los que la fuerza se emite de forma brusca, algo especialmente visible en el estilo Chen, aunque no de forma exclusiva).

Objetivos

Es muy difícil enumerar todos los objetivos buscados durante la práctica de las formas, pues estas constituyen el principio y el fin del Taiji Quan. Inicialmente se reduce a ser un mero índice de técnicas. También es un método de gimnasia, un método de QiGong, un sistema de entrenamiento de la relajación, calma y atención.
La idea es que paso a paso, el practicante vaya incorporando “todo” lo que aprende en sus prácticas de tuishou, forma, técnicas, QiGong, etc, en un solo trabajo, que lo integre todo. Este trabajo es la forma, por esa razón, la forma, una vez que se posee un nivel considerable, puede suponer una práctica completa, sobre todo cuando el practicante tiene un nivel muy, muy avanzado. Hasta ese momento lo lógico es ayudarse de otros métodos en los que, por realizarse “de uno en uno”, podamos ir adquiriendo de forma más simple y “especializada”, cada una de las habilidades que el Taiji Quan proporciona y precisa para ser útil y eficaz.

Problemas

La práctica de las formas se suele ver afectada de muchos defectos. Aquí nos ocuparemos no de los defectos técnicos puntuales (que deben ser corregidos por un profesor competente de forma personalizada para luego entrenar las correcciones de forma exhaustiva por el practicante), sino de los fallos conceptuales, que de entrada nos dirigen a callejones sin salida.

La forma “ingrávida”.

Llamo así a la forma realizada de modo “espiritual”, con total desapego de la intención marcial, del rigor postural y de una fuerte presencia del espíritu de vitalidad (jingsheng).
Este error se da entre quienes rechazan de forma categórica el aspecto marcial del Taiji Quan, centrándose tan solo en aspectos “espirituales”, o bien entre quienes equivocadamente ven en una forma extremadamente “relajada” (aunque más exacto sería decir “floja”), la ortodoxia.
La falta de conocimiento de las aplicaciones de cada movimiento que realizamos, la excesiva “flojedad”, en un intento equivocado de conseguir “relajación”, provocan que los movimientos carezcan de corrección técnica, con apariencia “similar” a la que debería tener, pero alterados por un conocimiento deficiente. Un ejemplo es el efecto de la “mano tonta”, con los dedos “dormidos y fofos”.

La solución a este problema pasa por un trabajo serio de QiGong como Zhan Zhuang, que nos proporcionará un “tono” general (Peng jing), más la práctica de tuishou y aplicaciones (al menos conocer las aplicaciones), de forma que la “intención” y el “espíritu de vitalidad” estén siempre presentes.

La forma “rígida”.

Este defecto es típico de dos clases de practicantes. Por un lado los más novatos, que inicialmente son incapaces de aplicar un movimiento relajado a la par que pleno de Peng jing. Es algo normal, inevitable y que mejora de forma paulatina según vamos progresando en nuestra práctica.

El segundo grupo que puede verse afectado por este defecto son aquellos que anteriormente al Taiji Quan, han practicado mucho deporte y poseen una considerable fuerza física y sobre todo, aquellos que vienen de la práctica de otros artes marciales “duros” donde la eficacia llega de mano de la fuerza y la velocidad “tensa”.

Para corregir este defecto, lo mejor es la práctica del tuishou con un compañero experimentado, junto con un énfasis correcto en el entrenamiento relajado. Hay que tener fe en el método y estar dispuesto a renunciar al uso de la fuerza. El problema tiene dos vertientes, uno físico, que viene dado por un cuerpo considerablemente fuerte y por una falta de elasticidad notoria (aspecto fundamental para poder practicar correctamente el Taiji Quan) y que es factible corregir sin graves problemas. Sin embargo, el aspecto mental es mucho más grave y difícil de corregir, pues pasa por un cambio de actitud y por confiar en un método que inicialmente, ofrecerá unos resultados decepcionantes. Esto es así porque en estos casos, nuestra habilidad se basaa en la fuerza y cuenta con muchos años de práctica (de hecho, todo el mundo aplica esta clase de “energía” en su vida, salvo que tenga un entrenamiento adecuado). Mientras que no adoptemos una actitud adecuada, el progreso será imposible.

Forma “descuidada”.

Este error se podría llamar también “piñón fijo”. Se trata de realizar la forma sin prestar demasiada atención a lo que hacemos. Llegado el punto en el que uno conoce la secuencia sin dudar que movimiento es el que sigue y cuando conocemos de una forma aceptable cada movimiento, hay quien tiende a pensar que ya está todo hecho. Grave error, es justo ahora cuando empieza el trabajo de verdad. Hay que ir integrando de forma paulatina todas y cada una de las habilidades que adquirimos en la práctica de Qi Gong, tuishou, etc.
Durante la práctica de la forma, nuestra atención debe trabajar al máximo, ya sea focalizando nuestra atención en los aspectos marciales, ya prestando atención exhaustiva a las sensaciones que se producen en nuestro cuerpo y ánimo, ya centrándonos en cada ocasión en corregir o introducir un matiz determinado de la correcta ejecución, como podría ser vigilar el uso de la cintura, mantener la verticalidad, coordinar movimiento y respiración, relajar hombros..., las posibilidades son innumerables.

 

Un paso lógico

Una vez que la forma se puede realizar sin dudar, hay que tener muy en cuenta que para un entendimiento completo, debemos “diseccionar” cada movimiento estudiando sus aplicaciones con un compañero. Esto nos proporcionará un impagable resultado. También hay que analizar cada movimiento desde un punto de vista teórico; ¿qué clase de fuerza o fuerzas intervienen en este movimiento en particular? (Peng, Lü, Kai, He....). También hay que plantearse como podemos mejorar a través del QiGong nuestro entendimiento y habilidad en el uso de estas fuerzas y por lo tanto de cada movimiento. Finalmente, poner a prueba de forma segura en el tuishou si de verdad nuestras conclusiones y métodos son correctos, llegando en último término a su aplicación en combate libre.
Quien siga todas estos consejos, seguro que verá incrementarse su nivel de forma considerable.

 

El gran secreto

Hay varios “secretos”, que al final, resultan ser obvios pero a los que no se suele prestar la debida atención. El primero es buscar un buen profesor/maestro, cuanto más competente sea, mucho mejor. Luego hay que seguir sus instrucciones con un grado considerable de “fe ciega”, al menos hasta que tengamos la base necesaria para poder experimentar por nuestra cuenta.
El otro secreto, el más importante, es ser inquisitivo, nunca darse por satisfecho con las respuestas obtenidas y trabajar. Trabajar duro, de forma relajada, entretenida, pero constante e intensa.

 

Epílogo

Cada forma es el legado de los grandes maestros del pasado. Recoge su experiencia y saber. Si decidimos practicar Taiji Quan, deberíamos fijarnos en ellos e intentar al menos, no desmerecer su trabajo.
Hay que ser consciente que los más grandes, dedicaron en ocasiones la mayor parte de su vida a “pulir” entre una y cuatro formas (mano vacía y armas) y que nunca consideraron el trabajo terminado, sino que año tras año, mejoraban su nivel en distintos aspectos, que engloban mucho más de lo que resulta evidente a primera vista. Es interesante estudiar sus vidas y así intentar entender el porqué de su forma de ver el Taiji Quan y sus formas.

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©Antonio Leyva

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